CorePulse Grid Lab abrió en 2014 en un departamento de dos ambientes en Palermo Soho, con un solo telar de cuadro de ocho marcos que Marcos Guerrero había traído de un viaje de formación en Oaxaca. Los primeros encargos fueron mantas para una tienda de diseño en el barrio de San Telmo que ya no existe, y la mayor parte del trabajo de ese año fue entender cómo adaptar los ligamentos aprendidos en México al algodón criollo del norte argentino, que tiene una mano completamente distinta a la fibra mesoamericana.
En 2018 el estudio se mudó a un local propio en la calle Thames, con espacio para cuatro telares simultáneos y una pequeña zona de tintorería. Ese año fue el primero en que los talleres superaron en ingresos a los encargos, lo que cambió la forma de pensar el calendario: ahora los talleres de otoño e invierno financian el tiempo de investigación de primavera, cuando Marcos Guerrero trabaja en nuevas estructuras sin compromiso de entrega. El estudio también comenzó a colaborar con una curtiembre familiar de la provincia de Córdoba para explorar tejidos mixtos con tiras de cuero vegetal.
El telar no perdona la prisa. Cada error de tensión se ve a veinte metros.